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La clave para aprender otra lengua

(y no tiene nada que ver con memorizar miles de palabras al día)

Leyendo un artículo en BBC News me topé con unos científicos que afirman tener pruebas de “que el conocimiento de otra lengua puede aumentar nuestra capacidad intelectual.” ¡Pero claro!, me dije mientras me preguntaba, ¿por qué será que no todo el mundo está tratando de aprender una? Y me acorde que aprender otra lengua puede ser difícil y tomar un montón de tiempo y dinero. “Uff, ponerme a estudiar, practicar y repetir es demasiado esfuerzo cuando podría estar simplemente disfrutando una nueva serie en Netflix.”

La percepción de muchos sobre el aprendizaje de lenguas es que necesitamos memorizar miles de palabras para después poder hablar. Sin embargo, en el mismo artículo Stuart Webb, profesor de lingüística aplicada en la Universidad de Western Ontario, dice que “un estudio en Taiwán mostró que más de la mitad de los estudiantes que llevaban aprendiendo otra lengua por más de nueve años, no habían podido recordar más de las 1000 palabras que más utilizaban.” Y esto no es todo, Webb incluso dice que aun cuando pueden recordar, muchos no pueden usarlas para comunicarse efectivamente. Aunque estos estudios se refieran exclusivamente al aprendizaje de lenguas en un entorno tradicional (es decir, aprender francés en el Reino Unido o inglés en Japón) la verdad es que no deja muchas esperanzas para los que quieren alcanzar el dominio de otra lengua. 

Y entonces, ¿qué hacer? Webb dice que “la clave del proceso de aprendizaje no es tanto las palabras que aprendemos en sí, sino la frecuencia con las que las usamos en nuestra práctica diaria.” Es decir, debo asegurarme de incluir en mi vocabulario esas palabras que quiero aprender, o, dicho de otro modo, debo estudiar la otra lengua usando contenido y vocabulario que me interese o que naturalmente use (o quiera usar) A DIARIO. La razón por la que la enseñanza de lenguas tradicional no se preocupe por este detalle, debe tener más que ver con que sea muchísimo más barato y fácil producir contenido genérico de “elefantes comiendo manzanas” que encontrar algo específico para cada estudiante. Que al final este estudiante aprenda o no es otro tema.

Yo, como el profesor Webb, estoy convencida de que aprender a través de un tema que ya nos apasione en nuestra lengua materna o dominante nos da una ventaja enorme frente al problema de encontrarle sentido a una lengua que “no es la mía” y pasar a sentir que “me está brindando las herramientas para continuar aprendiendo sobre mi pasión.” En el momento en que nuestro interés está incluido, el juego cambia completamente: si este tema nos apasiona, seguramente vamos a querer hablar de ello con otros apasionados como nosotros, vamos a querer encontrar diferentes puntos de vista, o simplemente vamos a tener más ganas de compartir más. Por ejemplo, si te encantan los perros te será más fácil aprender otra lengua leyendo sobre perros, razas, cómo cuidar a tu mascota, o incluso ver videos para entrenar perros. Y, como la finalidad no es hablar en la otra lengua sino compartir tu pasión, seguramente no estarás tan preocupado por los errores que puedas estar cometiendo.

Cuál fue mi camino de aprendizaje de inglés (el camino largo)

Corría el año 2008 y ya llevaba un tiempito estudiando inglés, primero en el colegio y luego en la uni. Con lo cual no me esperaba que, cuando apliqué para una Maestría de traducción en la Universidad de Westminster de Londres, me pidieran que “tomara un cursito de inglés en su universidad para poder comunicarme en sus clases.”

“¿Que qué? Pero ¡si llevo más de 10 años estudiando!” dije entre dientes.

Tal vez te sorprenda que después de terminar ese nuevo curso, la maestría de 1 año y empezar a trabajar con proyectos de traducción a español en una agencia en Londres, todavía no sintiera que me estuviera comunicando mejor en inglés en temas más específicos. Todavía patinaba entre palabras y muletillas de apoyo para poder decir cualquier cosa que valiera la pena.

El año 2016 llegó plagado de ansiedad y ataques de pánico debido al estrés en el trabajo, por lo que tomé un desvío y empecé un viaje de autoconocimiento, yoga y meditación por Europa. Las consecuencias de este cambio en mi vida fueron enormes: descubrí que no solo estaba aprendiendo a relajar y entender mi cuerpo y mi mente, sino que también estaba mejorando mi nivel de inglés con cada clase a la que asistía. ¡Sin siquiera buscarlo!

Y entonces para aprender otra lengua, ¿todo lo que necesito hacer es relajarme?

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Bueno, sí y no…

Todavía debemos estudiar y practicar muchas horas para ir construyendo nuestra torre de Babel. Pero definitivamente hay mejores formas de estudiar.

Lo que quiero decir se puede resumir en tres puntos así:

  1. Debemos encontrar una técnica efectiva para relajar, desestresar y enfocar nuestra mente y cuerpo. Para mí el yoga y la meditación tienen herramientas que permiten a mi mente aprender cosas nuevas, pero no tiene que ser yoga. Para las artes marciales, o incluso caminatas en la naturaleza funcionan muy bien. Debemos encontrar la práctica adecuada cada cual y para cada ocasión (cuando estamos cansados, agobiados, o sin energía)
  2. Debemos encontrar una forma en la que podamos integrar esas técnicas de relajación a la forma en que la estamos estudiando. Por ejemplo, dependiendo de la causa de tu distracción, puedes practicar relajación o activación de la respiración antes de sentarte a estudiar. Menciono más ejemplos aquí.
  3. Debemos usar nuestra pasión por algún tema como puerta de entrada a esa nueva y desconocida lengua. Como por ejemplo para mí lo fueron el yoga, la danza y la relajación. Si estas prácticas ya son parte de nuestra vida en nuestra propia lengua, seguro que ver un video en otra lengua nos dará esa sensación inmediata de “ah, no estoy del todo perdida.” ¡Y eso vale mucho! Además, para el ejemplo del yoga, no creo que debamos restringir el proceso de aprendizaje tan solo a un trabajo mental y de memoria. Aprendemos mejor cuando conectamos conceptos abstractos de nuestra mente con experiencias físicas que todos reconocemos en nuestro cuerpo. Antes de practicar yoga en inglés, por ejemplo, yo no había sido capaz de recordar el vocabulario de la anatomía de mi cuerpo y su movimiento. Cuando empecé a practicar empecé también a conectar sonidos con movimientos que no solo podía leer sino además sentir. Esto es tal vez lo más cercano a aprender como cuando éramos niños.

Así es que busca eso que te apasiona en la lengua que quieres aprender y persíguelo como lo haces en tu lengua. Verás que, aunque al principio no entiendas CADA PALABRA, tu cerebro estará captando pequeños detalles que irán sumando. Créeme, que es diez veces más fácil, más productivo y placentero compartir algo que mueve tus intereses a simplemente practicar conversaciones inventadas.

Otra práctica que mejoró mis habilidades comunicativas y, de la que estaré hablando más a fondo después aquí, fue la enseñanza de yoga y meditación en inglés. Sé que es descabellado pensar en enseñar en una lengua en la que apenas me sentía cómoda hablando, pero la enseñanza me empujó a ser mejor en lo que quería compartir con los demás.

Perfecto, ¿listo para relajarte un poco antes de estudiar? Te dejé unos videos cortos aquí para practiques y vayas encontrando lo que te va mejor. Revisa el vocabulario y la ayuda visual, pero trata de escuchar y seguir como entiendas los ejercicios. Cuéntame en los comentarios cómo te fue y si TE GUSTA la página, dale LIKE.

Buena suerte en tu viaje y… See you later!

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